Las sociedades europeas, caracterizadas por unos índices de envejecimiento cada vez más altos, están prestando especial atención a las nuevas realidades que se derivan del aumento del número de las personas mayores que las forman. El estado del bienestar y la calidad de vida de nuestros países van a estar condicionados por el grado de compromiso y cumplimiento que seamos capaces de asumir en torno al principio de la solidaridad inter-generacional. Por otra parte, el incremento de nuestra esperanza de vida, la mejora del estado de salud de las personas mayores y los cambios culturales y de mentalidad, han extendido y generalizado el concepto de envejecimiento activo.

Todo programa de envejecimiento activo debe incluir, por definición, espacios efectivos de convivencia inter-generacional, que concreten y desarrollen la inclusión, la participación y la aportación de las personas mayores en contextos abiertos y heterogéneos. Nos encontramos ante el reto de ir promoviendo estos escenarios en el que los mayores y otros grupos de edad, especialmente los jóvenes y los adolescentes, compartan su espacio y su tiempo. Una nueva perspectiva que transforme en cotidiano y normal el encuentro de individuos y grupos de distintas edades, con el horizonte puesto en la creación de verdaderos “centros inter-generacionales”.

"Tablas para la vida" es un proyecto orientado a crear espacios de encuentro entre los adolescentes y jóvenes de un centro de secundaria y los mayores. En concreto entre el I.E.S. "Jaranda" y el Centro residencial de mayores ServiMayor, ambos ubicados en la comarca de la Vera, en el nordeste de Cáceres (Extremadura/España). Juntos creamos distintos escenarios para la convivencia intergeneracional, desarrollando diversas actividades conjuntas, en las que participan los alumnos del Centro y los residentes, tanto los válidos como los asistidos, estos más numerosos.

domingo, 11 de junio de 2017

Puesta en marcha del Taller de Cocina Terapéutica.

Los alumnos del primer curso del ciclo de grado medio de Técnico en Cocina y Gastronomía ponen en funcionamiento, en este curso escolar 2016/17, el taller de cocina terapéutica.

  
        Tras la experiencia piloto del curso pasado, los alumnos del ciclo de Cocina han desarrollado a lo largo de este curso el Taller de cocina terapéutica, desde octubre de 2016, a poco de comenzar el curso, hasta este mes de junio, con una periodicidad quincenal. El lema y objetivo principal de este taller, "Despertar los sentidos", es toda una declaración de intenciones, un plan de trabajo orientado no solo a estimular los receptores sensoriales y la psicomotricidad de los residentes que participan en estas actividades, sino también a mejorar el estado de ánimo y despertar las ganas de hacer cosas y de estar activos. En este curso nos hemos propuesto nuevos horizontes, tanto en el diseño de los procesos y los movimientos que los mayores deben realizar, para mejorar y entrenar los músculos y articulaciones de hombros, brazos y manos, ayudados por el fisioterapeuta de ServiMayor, como en cuestiones de dietética y nutrición, diseñando recetas que se ajusten mejor a sus necesidades alimenticias específicas.

         El esquema de organización continúa siendo el mismo. Los alumnos trabajan en equipo y se encargan de diseñar las recetas y de adaptarlas a los procesos y características nutritivas de los mayores residentes. Son ellos los que calculan las cantidades y el tiempo que cada proceso requiere, organizando las actividades para que los participantes mantengan un ejercicio continuado. Tienen que organizar las tareas para que en el desarrollo del taller -que tiene una duración de dos horas y media- se completen  las distintas elaboraciones y cocciones y dé tiempo a degustar los platos elaborados.


           Los alumnos consiguen en sus talleres dinamizar a los residentes, la mayor parte de ellos aquejados bien con problemas de motricidad (ictus o hemiplejias, parkinson) bien con algún síntoma de deterioro cognitivo, lo que resulta todo un reto, que implica y exige grandes dosis de paciencia, de atención y acompañamiento. Para los mayores supone un especial estímulo el desarrollar los procesos e iniciativas que les proponen, recuperando en algunos casos -en otros constituye toda una novedad- actividades que hace tiempo les resultaban habituales y cotidianas. En cualquier caso son iniciativas que rompen con las rutinas habituales, que supone el despertar por un tiempo sus receptores sensoriales y disfrutar con texturas, olores y sabores que ellos mismos se encargan de preparar y elaborar.

            Se trata del segundo año en el que se pone en acción este taller, el curso pasado como experiencia piloto. Una actividad que se enmarca dentro de lo que viene a conocerse como Aprendizaje por Servicio y que pretende que los alumnos aprendan a través de la acción en su propio entorno, por medio de actividades que les pongan e contacto con la realidad en la que viven y sobre la que puedan intervenir. No solo buscamos el que conozcan el mundo del envejecimiento y el de los mayores, sus necesidades asistenciales y los servicios que precisan, sus estados emocionales, sus percepciones y situación vital. Nuestro objetivo es el que tomen conciencia de la invisibilidad con la que tendemos a cubrir el mundo de los mayores y a reactivar los vínculos y nexos que debemos ir tejiendo entre las distintas generaciones. Además, en este escenario de aprendizaje mutuo, los alumnos ponen en juego distintas competencias, tanto específicas de su ámbito profesional, como las que tienen que ver con las relaciones en el equipo de trabajo, la motivación, la comunicación o el liderazgo. Pero también se convierte en un espacio estimulante para su aprendizaje en el contexto de las relaciones sociales y, sobre todo, en el del desarrollo emocional.

           Hemos de ser conscientes de que todo aprendizaje debe contener un importante carácter funcional y contextualizado, relacionado con centros de interés social, lo que aporta un importante grado de motivación para los alumnos. Si estos aprendizajes implican además vivir situaciones de alta intensidad emocional y provocan procesos asociados al amplio mundo de las emociones, el escenario que conseguimos es mucho más propicio y favorable. Los alumnos aprenden en este escenario estrategias, procesos y competencias que, de otro modo, carecen de sentido real y de toda funcionalidad. El trabajo en equipo, cooperativo y colaborativo; el ejercicio del liderazgo; la motivación propia, de los compañeros y de los residentes; la planificación y la organización del trabajo; la toma de decisiones; la adaptabilidad, la flexibilidad y la creatividad. Contenidos, todos ellos, que cobran su sentido en la acción, en espacios reales en los que se les dota de su verdadera importancia y adquieren todo su significado con su ejercicio y su propia práctica. Estrategias que, por otra parte, son las que valora y precisa el entorno laboral de hoy y que difícilmente somos capaces de entrenar y poner en juego en las aulas.

     
 





domingo, 29 de enero de 2017

Emociones en sociedad: la vergüenza.


Una nueva emoción en el programa trigeneracional.

Mascota de la vergüenza. Figura zoomórfica del cuadro de Vasily Kandinsky "Blue Sky".
 
Taller de elaboración de máscaras con la silueta de la mascota.
      El pasado 9 de enero, después del período de vacaciones escolares, reanudamos nuestros encuentros trigeneracionales, enfocados hacia el aprendizaje emocional de niños, adolescentes y mayores. En esta ocasión, la sesión se centró en la vergüenza, una de las emociones sociales que tienen un amplio espacio de experiencias y vivencias en niños y jóvenes y que, en las personas mayores, pierde buena parte de su lugar en su mundo emocional. Y es que buena parte de nuestro proceso de integración y de adaptación a la sociedad viene marcado por la vergüenza. La asunción de normas y el progresivo desempeño de distintos roles a medida que vamos creciendo, implican la representación de actitudes y posiciones acordes con los nuevos papeles que vamos asumiendo, que debemos cumplir según los criterios establecidos. Esto supone una constante y obligada superación de exigencias sociales, auténticos retos que nos plantean ciertos niveles de presión para  cumplir con nuestras expectativas y las de los demás. Es en este contexto en el que la vergüenza resulta adaptativa, poniéndonos en alerta ante situaciones en las que debemos obrar de manera adecuada, de acuerdo con determinados formalismos y con los niveles precisos y necesarios de autoexigencia y de esfuerzo. Resulta imprescincible para satisfacer nuestra necesidad de pertenencia e identificación, así como para favorecer nuestra integración en el grupo, ocupando el lugar que creemos preciso disponer.

      La vergüenza resulta también necesaria para rectificar y corregir, cuando no actuamos correctamente en determinadas situaciones de nuestro periplo vital. Es necesario tomar conciencia de cuándo uno no ha estado a la altura o ha errado en su modo de actuar. Los incumplimientos y aun el daño que uno ha podido provocar en los otros exige una toma de conciencia del mal causado y de los motivos y las condiciones que lo han provocado. El avergonzarse ante determinados comportamientos es una exigencia emocional de la que no podemos ni debemos prescindir, valorando el error como una forma de aprendizaje y la empatía como un medio de percibir lo que nuestras acciones pueden generar en los demás. La culpa, el sentirse culpable por algo que uno ha hecho, puede considerarse como una resultante de la vergüenza, la forma más exigente, también más dramática, de concebir los errores propios y los males ajenos.

      Pero hemos de evitar que la vergüenza impida el que nos mostremos como realmente nos vemos a nosotros mismos, que nos limite o dificulte el ser auténticos con nuestra manera de ser y de actuar, siempre y cuando nuestra conducta no atente o afecte a los sentimientos de los demás. La vergüenza no puede atenazarnos ni someternos a las exigencias de los convencional ni a los dictados del formalismo y de la moral. Tampoco podemos caer en los excesos de la auto-exigencia ni a los cánones de la perfección, que pueden generarnos serios problemas asociados a la inseguridad, la insatisfacción permanente y hasta la frustración. La vergüenza no puede convertirse en una obstáculo para nuestras aspiraciones personales, una traba para nuestra realización personal ni un impedimento para nuestra vida diaria. Hemos de aprender a regular la vergüenza y saber controlar sus causas y sus efectos. Un proceso que llevamos a cabo a lo largo de nuestra vida y que, llegada cierta edad, solemos tener más que lograda. Por eso es raro encontrar entre nuestros adultos mayores vestigios de esa vergüenza que tan presente tenían cuando eran más jóvenes. Pero hay que tener cuidado y precaverse ante la tentación de pensar que la vergüenza no es más que un lastre del que hay que desprenderse cuanto antes. Una cosa es aprender a enfrentarse a la vida templando nuestras vergüenzas y otra muy distinta el afanarse en convertirse en un sinvergüenza.



 

 

















 





















lunes, 26 de diciembre de 2016

Y llegó la tristeza..., nuestra segunda emoción.

El programa de convivencia "trigeneracional" continúa su actividad centrada en las emociones. La tristeza nos acompaña en el adiós al 2016.

Mascota de la tristeza. Figura zoomórfica del cuadro Blue Sky, de Vasili Kandinski.



      El 12 de diciembre tuvimos nuestra última sesión en ServiMayor de este año, 2016, en el que hemos puesto en acción, primero como experiencia piloto y como proyecto estructurado en este curso escolar, el nuevo programa de convivencia "trigeneracional". Un plan que está diseñado para que los alumnos de 3º de ESO, que actúan como generación bisagra entre niños y mayores, desarrollen una intensa propuesta de aprendizaje en torno al mundo de las emociones. También el que los niños del centro de educación infantil La Casita, que tienen entre dos y tres años de edad, centren en el ámbito de las emociones gran parte de sus actividades formativas y que empiecen a identificar los estados de ánimo que experimentan, tanto en ellos mismos como en los demás, y las situaciones que los provocan. Los mayores de ServiMayor nos acompañan en este viaje en torno al mundo de las emociones, participando con nosotros en los talleres y actividades que llevamos a cabo en nuestros encuentros y haciéndose cómplices de las iniciativas que desarrollamos.


     Después de la alegría ha sido el turno de la tristeza, su opuesto, que hemos hecho coincidir con el final del año. Hemos recogido, como hicimos con la alegría, la expresión gráfica de esta emoción, fotografiando a niños, adolescentes y mayores con sus caras tristes. En los niños de manera espontánea, aprovechando esos instantes de obcecación y frustración que tienden a expresar con  facilidad y frecuencia en sus experiencias diarias, que afortunadamente resultan breves y pasajeros. Los alumnos del Instituto se han fotografiado ellos mismos en actitudes y gestos simulados, más bien fingidos, algunos muy veraces y convincentes, otros algo más impostados y sobreactuados. En cuanto a los mayores, muchas de sus fotografías han sido tomadas de manera improvisada, retratando unos rostros que durante buena parte del día muestran de manera natural un cierto poso de tristeza. Con las fotografías de unos y otros hemos elaborado el "árbol de la tristeza", una estructura ligera y móvil que pretendía simular a esos atrapadores de sueños que asociamos a la cultura de los indios americanos. 


      Aprovechamos esta sesión para experimentar con una nueva herramienta de estimulación, el Flipi-Flux, un juego de geometría cinética que ofrece un espacio de acción para los movimientos compartidos de manos y brazos, que acompaña el manejo del artefacto con sugerentes efectos sensoriales y con una sorprendente belleza plástica y visual. Una actividad colaborativa y lúdica que ayuda al desarrollo de la atención y de la concentración, que favorece la expresividad corporal y potencia la motricidad de niños y mayores. Renata ha sido la que nos ha iniciado en su manejo y nos ha mostrado sus posibilidades, facilitándonos recursos y medios para superar las dificultades de movilidad de los mayores.

      El "árbol de la tristeza" va a pasar las Navidades en ServiMayor, esperando que actúe como un auténtico ahuyentador de tristezas y atrape entre sus ramas los excesos de esta emoción, cuando el estar triste ya no cumple con su función adaptativa y evita el expresar otros sentimientos positivos. Y ojalá para este próximo año todos consigamos estar tristes solo cuando lo necesitemos y que, ya puestos, la tristeza se haga muy poco necesaria, lo más prescindible posible.